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viernes, 4 de junio de 2010

Primer Centenario

¿ Y como fue todo hace 100 años en 1910?

LA HISTORIA, EN UNA FOTO: UN VISTOSO ALARDE DE NACIONALISMO ENCUBRIA LA REPRESION DE LOS CONFLICTOS Y PROTESTAS SOCIALES
Aquel primer centenario...
Felipe Pigna. Historiador(fpigna@clarin.com


En mayo de 1910 la "espléndida" oligarquía argentina se preparaba para celebrar el centenario de la Revolución de Mayo.

Se organizaron grandes desfiles y una exposición universal para demostrarle al mundo los progresos de la París del Plata. Se cursaron invitaciones a todos los reyes y gobernantes del mundo occidental, pero sólo aceptó el convite la infanta Isabel de España, una "aristócrata" de segunda clase para la afrancesada "gente decente" de Buenos Aires, aquella clase dirigente que quería exhibir los avances del granero del mundo.

A los escritores orgánicos les dio un notable ataque de nacionalismo y reivindicaron al otrora "vago y mal entretenido" gaucho, con tal de diferenciarse de la oleada inmigratoria y sus "ideas disolventes".

El movimiento obrero advirtió la gran trascendencia de los festejos y aprovechó su repercusión en la prensa internacional para dar a conocer la real situación de los habitantes del país.

La Federación Obrera Regional Argentina (FORA), de tendencia anarquista, lanzó una huelga general para la semana de mayo y realizó una manifestación que reunió 70.000 personas frente a la penitenciaría de la calle Las Heras.

Pedían la libertad de los presos sociales, entre ellos, Simón Radowitzky, el joven anarquista ruso que había asesinado al coronel Ramón Lorenzo Falcón responsable de la matanza de trabajadores que pasó a la historia como la "Semana Roja" de mayo de 1909.

El gobierno del presidente Figueroa Alcorta decretó el estado de sitio y el Congreso sancionó la ley 7026, llamada "de Defensa Social", que incluía la pena de muerte para los activistas sindicales, limitaba seriamente la actividad gremial, prohibía explícitamente la propaganda anarquista y el ingreso de extranjeros que hubieran sufrido condenas por motivos políticos.

Pese a la dura represión, los fastuosos festejos del Centenario se vieron afectados por numerosas huelgas y actos de sabotaje llevados adelante por el movimiento obrero que dejó sin luz a la ceremonia inaugural del festejo.

Mientras hablaba Figueroa Alcorta sonaron petardos y un anarquista se ató con cadenas a las rejas de la Sociedad Rural. Hasta que lo desataron logró llamar la atención de la prensa extranjera y contar que en la Argentina el pueblo se moría de hambre y que eso que ellos veían era un dramático decorado.

La respuesta no se hizo esperar. Grupos autodenomindaos "nacionalistas" que actuaban con total impunidad atacaron locales y bibliotecas obreras y hasta incendiaron el circo de Frank Brown. El gran payaso inglés había instalado su carpa en Florida y Paraguay.

Los "pitucos" decían que afeaba la ciudad y llenaba esa zona elegante de gente indeseable porque Frank abría su circo a todas las clases sociales y no cobraba entrada a los niños pobres. El fuego "patriótico" arrasó también con la alegría infantil.

Cuenta un testigo de los hechos: "Se había alquilado un inmenso local para encerrar a los presos, precaución necesaria sin duda alguna, ya que las numerosas cárceles que tiene Buenos Aires están siempre recargadas de detenidos. Mientras tanto, en la ciudad se organizaban columnas de patriotas, que al amparo del estado de sitio iban sembrando el terror por todas partes. Nada en verdad más alejado del sentimiento patriótico que aquellos malones organizados y dirigidos por la policía. Las turbas del 14 de mayo y días siguientes no estaban animadas de sentimientos patrióticos. Tuvo el propósito de aterrorizar a los trabajadores impidiendo que éstos, movidos a impulsos de la solidaridad, respondieran a los prisioneros y la declaración del estado de sitio con el paro general. Era preciso impedir a todo trance que hubiese huelga, para que las fiestas del Centenario se realizasen tranquilamente, con todo el brillo que era posible esperar de la presencia de la nieta del rey español destronado por la revolución que se conmemoraba. La autocracia, el autoritarismo, la cesación de las leyes constitucionales es lo que los republicanos federales de la Argentina pusieron en vigencia para celebrar aquella revolución que proclamó la libertad, los derechos del hombre, la soberanía popular"(1).

Así festejaba la oligarquía a través del gobierno de Figueroa Alcorta -aquel que el 28 de enero de 1908 había clausurado el Congreso Nacional- los "cien años de libertad". Así conmemoraba el Centenario de la Revolución liderada por Mariano Moreno, aquel que los había sentenciado con su frase premonitoria: "Es necesario destruir los abusos de la administración, desplegar una actividad que hasta ahora no se ha conocido, promover el remedio de los males que afligen al Estado, excitar y dirigir el espíritu público, educar al pueblo, destruir o contener a sus enemigos y dar nueva vida a las provincias. Si el gobierno huye el trabajo; si sigue las huellas de sus predecesores, conservando la alianza con la corrupción y el desorden, hará traición a las justas esperanzas del pueblo y llegará a ser indigno de los altos destinos que se han encomendado en sus manos"(2).

Así fue aquel "maravilloso" centenario, con la prensa obrera incendiada y acallada, dos mil trabajadores detenidos, cien deportados y otros cien enterrados en el infierno del penal de Ushuaia.

Nos encaminamos hacia el segundo centenario de nuestra revolución fundacional. El mejor homenaje a aquellos padres fundadores no será seguramente un frío monumento o una placa de bronce destinada a ser robada y fundida, sino cumplir con aquellos puntos cardinales trazados por Belgrano y Moreno que anhelaban un país con industria, justicia, equidad y educación como lo dejaron plasmado en sus notables escritos.



1. Eduardo Gilimón, Un anarquista en Buenos Aires, Buenos Aires, CEAL, 1971.

2. Mariano Moreno, "Discurso de asunción como secretario de la Junta, 25 de mayo de 1810", en Ricardo Levene, La Revolución de Mayo y Mariano Moreno, Buenos Aires, Peuser, 1960.


http://edant.clarin.com/suplementos/zona/2007/10/21/z-04401.htm





El movimiento obrero durante los festejos del Centenario
Para conmemorar el centenario de la Revolución de Mayo, el gobierno de José Figueroa Alcorta organizaba grandes desfiles y una exposición universal. La clase dirigente quería exhibir los avances del granero del mundo. El movimiento obrero advirtió la importancia de los festejos y aprovechó para dar a conocer la difícil situación por la que atravesaban los habitantes del país.


El año del Centenario comenzaba bajo el imperio del Estado de Sitio, decretado por el Poder Ejecutivo tras el asesinato del jefe de policía, el coronel Ramón Falcón, quien había sido ultimado por la violenta represión obrera de 1909. En los últimos meses de 1909 el gobierno detuvo a más de 500 activistas -muchos serían deportados- pero el 13 de enero de 1910 decidió levantar el estado de sitio. Se sucedieron huelgas y manifestaciones, y se exigió que se derogara la Ley de Residencia y que se liberara a los presos políticos. A continuación transcribimos un fragmento sobre estos sucesos del libro de Julio Godio, El movimiento obrero argentino (1870-1910), Socialismo, anarquismo y sindicalismo.



Fuente: Godio, Julio, El movimiento obrero argentino (1870-1910), Socialismo, anarquismo y sindicalismo, Editorial Legasa, Buenos Aires, 1987.




En mayo de 1910 la F.O.R.A. realiza un acto nunca visto: 70.000 presentes en la Plaza Colón. Se lanza para el día 18 de mayo la consigna de huelga general por tiempo indeterminado, coincidiendo con un llamado similar de la C.O.R.A. El gobierno decide no esperar más y reacciona. El 13 de mayo, aún antes de que el Congreso aprobara el decreto de Estado de Sitio, el Ejecutivo se lanza a detener a los principales militantes obreros y a clausurar nuevamente locales y diarios. Al día siguiente el número de detenidos ya alcanzaba los 300. Se vuelve a repetir el mismo escenario que seis meses antes, pero de manera amplificada. El 14, manifestaciones patrióticas recorren las calles de la ciudad, concentrándose luego en la Sociedad Sportiva Argentina, bajo la presidencia del Barón Demarchi. Por la noche, estas mismas hordas reaccionarias se dirigen hacia los locales de La Prensa, La Batalla y La Vanguardia, quemando sus instalaciones. Entre los asaltantes se distinguieron los diputados Pedro Luro, Juan Balestra y Carlos Carlés, varios militares, oficiales de policía, estudiantes. Durante las noches siguientes se repitieron los asaltos contra los locales de la C.O.R.A. y de La Acción Socialista, como así contra los barrios judíos. Siempre bajo la protección policial, que en caso de enfrentamiento tomaba la cabecera. Con los días, los detenidos superan los 2.000.
A pesar de todo, la huelga general comienza a concentrarse desde el día 16, haciéndose extensiva a algunos barrios populares (Boca y Barracas) y por los gremios más combativos (conductores de carros, obreros de la construcción y de la industria). También se resiente los trabajos de la exposición internacional, atrasándose muchos de ellos. En el centro de la ciudad su eco fue menor. El paro decae y el 21 de mayo, la huelga se levanta.
De todas maneras el acto inaugural de las festividades ya estaba comprometido. La iluminación fue saboteada; el arco de triunfo preparado, incendiado; las principales exposiciones se abrieron con semanas de retraso. La fiesta de la libertad debió realizarse bajo el imperio de la ley marcial”.
El golpe al movimiento sindical fue violento: había presentado una batalla frontal solo y sin aliados, pues tanto el Partido Socialista como la Unión Cívica Radical no le prestaron apoyo. El Estado de Sitio fue levantado en octubre, pero las organizaciones sindicales estaban desmanteladas. Especialmente la F.O.R.A., que recién se recuperará para mediados de la segunda década, pero ahora, bajo la hegemonía sindicalista. Como reconoce Diego Abad de Santillán: “Aquí culmina un capítulo inolvidable de la historia del anarquismo en Argentina”.



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2 comentarios:

Martín dijo...

Excelente el texto de Pigna. Por suerte este 2010 en los festejos del bicentenario el que estaba en las calle era el pueblo y no la oligarquia elitista que predominaba en 1910.

Gustavo dijo...

Hola Martin que tal. La verdad que si. Por suerte este Bicentenario nada que ver con 1910. Pareceriamos estar todos unidos mas alla de la religion, ideologia, clase social, etc y no hubo ningun tipo de incidentes.
Pensar que muchos decian que en esa epoca el pais estaba entre los mejores del mundo. Para ellos jaja
Te mando un abrazo y que andes bien. Chau