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domingo, 31 de julio de 2011

El encuentro

El encuentro
Sabrina se sentó en la mesa del bar. Eran justo las once de la noche como estaba previsto. Hora en la que quedó en encontrarse con Agustin. El chico al que había conocido hace alrededor de un mes a traves de Facebook.
Luego de acomodarse colgó el saco en una silla para ponerse a mirar la carta que se hallaba en el pupitre. El mozo se acercó y le dijo que espere. Que todavía faltaba que viniera alguien mas. Fue al baño, donde se mojó la cara y se acomodó el pelo. Después volvió a la mesa. Como Agustin aún no había llegado le mandó un mensaje de texto. Sacó el libro que llevaba en su cartera y comenzó a leerlo.
Pasados los quince minutos desde que le envió el mensaje y al ver que Agustin no le respondía decidió llamarlo. Solo atendió el contestador. Intentó de nuevo pero volvió a ocurrile lo mismo. Lo hizo varias veces mas y nada.
Empezaba a ponerse nerviosa. Continuó leyendo pero ahora le costaba concentrarse. Le ganaban los sentimientos de ira, de no saber si realmente Agustin iría o si le estuvo mintiendo. Y en caso de que fuese un engaño...¿ por que motivos? Tampoco lo conocía demasiado. Solo habló con él por celular o mediante internet. Y ni siquiera tenía el número de la casa como para llamarlo allí.
Se había dejado llevar por su voz dulce, sus gustos por el cine, la música al igual que ella, las tiernas frases de amor que le mandaba casi todas las noches por email o las fotos que le enviaba desde los distintos lugares donde iba. En la cancha mirando a San Lorenzo, en la playa con unos amigos, tocando con la banda de rock que tenía. Pero ahora veía que todo fue una mentira. Se sentía una estúpida por confiar ciegamente en cualquiera. Intentó comunicarse de nuevo sin que nadie responda del otro lado. Ya eran casi las doce. Así que se levantó de la mesa y salió a la calle.
Una vez que llegó a su casa no le quedaban ánimos de nada. Se encerró en su cuarto y estuvo un rato con la computadora. Después se fue a dormir. Aunque tardó varias horas en lograrlo. Ya que por los nervios que tenía no paraba de dar vueltas sobre la cama sin poder cerrar los ojos.
Al otro día probó en hablarle de nuevo a Agustin. Este la atendió diciéndole que estuvo a las once en ese bar como habían acordado. Pero al ver que ella no aparecía dejó el celular en su casa y se fue a bailar con unos amigos. Sabrina no le creyó. Pensó que la estaba cargando. Empezó a insultarlo hasta que Agustin le cortó.
Cuando miró la hora que marcaba la television y el reloj que se hallaba en la pared descubrió que el suyo atrasaba sesenta minutos.

6 comentarios:

Alejandro Kreiner dijo...

Me gustó el final, a veces un pequeño detalle marca el devenir de nuestras vidas.

Saludos.

Libelu dijo...

vaya cosas que pasan...
muy bien relato, con un final de esos, que te dejan con la palabras en la boca...
un saludo.

magu dijo...

GUS
Un detalle ¿el café en ese bar es rico?, ¿negro, bueno ?, jaja
lindo relato
¿será mi sobrino AGUSTÍN¿
jaja
misterio
beso
magú
sigo sin internet

Gustavo dijo...

Hola Alejandro que tal. Si onda que al final se me ocurrio ponerle un giro medio inesperado jaja.
Te mando un abrazo gracias por pasar. Chau

Gustavo dijo...

Hola Libelu. Si. Quizas una hora te pueda cambiar la vida. Como por ejemplo es lo que paso n este cuento jaja.
Te mando un abrazo y me alegro que te haya gustado. Chau

Gustavo dijo...

Hola Magu como estas. La verdad que ni se me ocurrio pensar como debia ser el café en ese bar jaja.
No sabia que tu Sobrino se llamaba Agustin. Vaya casualidades. Si le pasa una historia parecida avisame.
Te mando un abrazo y que termines bien la semana. Ojala pronto puedas recuperar la compu. Chau