Red de escritores en español

viernes, 28 de octubre de 2016

Juan y la paloma

Juan y la paloma

Juan corría por un parque. De pronto una paloma posó sobre su cabeza. Empezó a picarlo. Intentó sacudirse pero se le puso encima de un brazo mordiéndole la piel. Quiso sacarla. Se le fue a la cara. Corrió gritando pero esta seguía hiriéndolo. Le agujereaba la remera, los pantalones. Gritaba pero nadie lo escuchaba. Tampoco había demasiadas personas. Sumado a que el parque era enorme.

Hasta que no pudo mas del dolor. Se tiró en el pasto. Sentía ardores por todas partes. Las heridas le sangraban. La paloma aun lo seguía picando sin que Juan pudiera defenderse. 


Al rato Juan cerró los ojos. Cuando esto ocurrió la paloma adqurió el cuerpo de Juan. Solo que estaba intacto. En perfecto estado y sin ninguna herida. Corrío hasta perderse. 


Mientras que Juan se transformó en aquella paloma. 

Semanas después Juan, convertido en ave, picó a una mujer que caminaba por la vereda. La fue lastimando hasta que su cuerpo no resistió. Cayó al suelo y cerró los ojos. 

Entonces Juan, de pasar a ser paloma se convirtió en esa mujer. Con la piel sin ninguna herida. Tampoco las medias o los zapatos presentaban marcas de picaduras. Se levanto y siguió su marcha como si nada. 

Ahora la mujer tenía el cuerpo de aquella paloma. La cual emprendió un nuevo vuelo. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Una marea negra

Una marea negra avanzando por el centro de la ciudad. 
Una marea negra caminando bajo la frias gotas que caen. 
Una marea negra marchando en un miercoles gris mas parecido al invierno que a la primavera. 
Una marea negra haciendose ver. 
Una marea negra exigiendo. 
Una marea negra exhibiendo pancartas con carteles de justicia. 
Una marea negra esperando que a partir de ahora haya un antes y un despues. 

Que cale hondo tanto en organismos del Estado, medios de comunicación y demas miembros de la sociedad para poder cambiar las cosas para bien.



Cada 18 segundos en Argentina una mujer llama al 911 por violencia de género.
Cada 30 horas en promedio se calula que, tambien en Argentina, muere una mujer por las mismas causas.
En lo que va del año hubo 275 femicidios.

Que nos pasó como sociedad para llegar a esto. Que es lo que ocurre en el interior de nuestras cabezas. Que cosas no hicimos o hicimos mal para que esto suceda. Que fue lo que permitimos o lo vimos como algo normal.

Toda persona tiene derecho a hacer de su vida lo que se le antoje. Obvio que sin molestar al otro. No necesita a nadie que lo controle, ofenda, lastime o maltrate, tanto psicológica como físicamente. Tampoco con una, dos o diez marchas no va a cambiar una cultura que desde siglos esta arraigada en nuestra sociedad. Pero de a poco se puede empezar a cambiar. Proyectando en las nuevas generaciones. Los derechos de uno terminan cuando empiezan los del otro. Nadie es mas que nadie. Eso podría enseñarse en las escuelas, medios de comunicación, redes sociales. Repetirlo las veces que sea necesario.

Por su parte el Estado podría darles albergue y oportunidades de trabajo a las mujeres víctimas de maltrato. Así tienen un sitio donde ir y no terminan siendo rehenes de su agresor. También las comisarías de todo el país deberían estar capacitadas para recibir denuncias por violencia de genero. Y los agresores, luego de cumplir sus condenas, ser controlados para que no vuelvan a acercarse a las víctimas o repetir los hechos. 

sábado, 15 de octubre de 2016

La rebelión

La rebelión

Aquel teléfono de linea no se dejó guardar en un placard. Con el tubo golpeó en la cara a la mujer que lo llevaba hasta soltarse. Luego con el cable ató el celular que ella usaba. Salió volando por el balcón del octavo piso donde se ubicaba. No sin antes haber arrojado al vacío el celular.


Una cassetera. Cansada de habitar ese altillo junto a herramientas y demás materiales sin usar bajó por las escaleras. Con el enchufe le pegó a los habitantes de la casa para después desaparecer por el patio trasero.


Algo similar ocurrió con un rayador a mano. Apenas el hombre abrió el cajón de la mesada salío volando provocándole heridas en la cara. Aparte de golpear a la picadora eléctrica para fugarse por la ventana de la cocina. 


Estos hechos eran insólitos. Nadie jamas había presenciado algo así. 


Tambien se repetían en los comercios. En un locutorio un fax que hace mucho estaba en desuso rompió todas las computadoras y escapó.


O el televisor viejo que apareció volando frente al asombro de mozos y comensales de un restaurante. El cual tras abalanzarse contra las dos pantallas lcd que había en una columna se dió a la fuga. 


Las noticias se multiplicaban tanto por la tele como por las redes sociales.


Estéreos viejos que dañaban parabrisas de los autos con sus conductores, discos de pasta  que salían girando a toda velocidad de cajas donde se hallaban guardados para irse encima de los ocupantes de una habitación, cafeteras que hacían lo mismo tras estar largo tiempo sin ser utilizadas .


En la calle todo era misterio. Esa era la noticia del día. Las vecinas en la vereda, los empleados de las oficinas, pasajeros en los subtes, colectivos. A la mayoría le había ocurrido algo así. 


Al atardecer una multitud de coches, tranvías y colectivos de principios del siglo veinte se dirigió hacia el obelisco. Iban solos. Nadie los conducía. Hasta tapar todos los accesos tanto por Corrientes, Diagonal Norte y 9 de Julio. 

En la plaza de la República se hallaba montado un enorme escenario con objetos antiguos como disquetes, máquinas de escribir, relojes a cuerda. Sumados a telégrafos, fonolas, videojuegos, wolkman.

Y mas arriba en el obelisco se hallaba colgado una enorme pancarta que decía: " Queremos estar presentes en la actualidad. Ser visibles. Nos negamos a ser olvidados" 

domingo, 2 de octubre de 2016