sábado, 15 de octubre de 2022

Un destino

 Un Destino


Matias trabajaba en un negocio de ropa en Once. Entraba a las 8.30. Para ello tomaba el 124 en Lope de Vega y Beiro. Vivía a pocas cuadras de allí.

Cristian hacia repartos con su moto. Cuanto más hacia mejor. Ya que le dejaban mayor cantidad de dinero. Con él debía pagar el alquiler de su departamento de Boedo sumado a expensas, impuestos, alimentos. Muchas veces para ganar tiempo iba a alta velocidad, gambeteaba el tránsito en zigzag o se mandaba por la vereda. Lo bueno era que compartía el departamento con un amigo y dividían los gastos.

Matias aun vivía con sus padres. Trabajaba de lunes a viernes hasta la tarde y los sábados por la mañana. Por la noche estudiaba en la facultad de medicina. Quería ser odontólogo.

Un día al igual que tantos. Cristian andaba con su moto. Debía retirar un paquete en el Centro y llevarlo a Ramos Mejia.
Matías iba al Once en el 124. Como lo hacía habitualmente. 
Cristian tomo por San Juan para doblar en Colombres, luego su continuación Salguero y terminar en Corrientes.
Llegando al Abasto Matías iba sentado pegado a la ventanilla. El tránsito era un caos. El colectivo avanzaba a paso de hombre. Mando un WhatsApp al trabajo avisando que llegaría un poco tarde.
Cristian esquivaba los coches como podía. Pasaba de la mano izquierda a la derecha en cuestión de minutos.

Matias se estaba por bajar en Uriburu cuando lo llama su jefe al celular para hacerle una consulta. Ya conocía la parada de memoria.
A Cristian los clientes no paraban de mandarle WhatsApp. Y el cómo podía los iba respondiendo. Principalmente el pedido que debía buscar en el Centro y llevar a Ramos Mejia antes de las 10. Eran pasadas las nueve. El transito seguía siendo un caos.

Matías bajaba del colectivo mientras seguía hablando por teléfono con su jefe. De pronto sintió un fuerte golpe. Y algo que lo arrollo al suelo. A los pocos minutos quedo tirado en el piso. Perdió el conocimiento.
Cristian se la pasaba respondiendo WhatsApp y no vio a Matias. Quedo tirado en la vereda. No se podía mover. Gritaba del dolor.
Al rato llegaron las ambulancias. Trasladaron a ambos al hospital Ramos Mejia.
Luego de varias semanas Matias recibió el alta. Quedo con medio cuerpo paralizado. En silla de ruedas. Tuvo la suerte que recobro el conocimiento y no se vio afectado el cerebro.
A Cristian le amputaron una pierna y un brazo. Agradeció que tenía puesto el casco.
Meses después Cristian, a través de internet pudo hallar a Matías. Su domicilio figuraba en Villa Real. Fue hasta allí en taxi ayudado por las muletas que llevaba. 
Al llegar a aquella dirección toco el timbre. Era una casa. De pronto apareció Matias en silla de ruedas. Cristian le pidió perdón mientras se quebraba en llanto. 
Matias le dijo que no. Que la culpa fue suya por no mirar.
Ambos se abrazaron como pudieron. A la vez que no podían parar de llorar