sábado, 8 de agosto de 2026

Del cemento 3325 PB

 Del cemento 3325 PB


Marcos empezó a trabajar en una empresa de correos. Antes lo hacía en otra sucursal situada a más de 30 kilómetros de aquella zona.

A los pocos días le ordenaron llevarle un paquete a Jorge González. Debía entregárselo personalmente. Su domicilio se hallaba situado en calle Del cemento 3325 PB.

Cuando llegó vio que esa calle era peatonal. Estaba al 4100. Prefirió caminar. Para ello encadeno su moto a una columna. En un momento se dio cuenta que la numeración subía. Se hallaba en el 4750. Empezó a caminar hacia el otro lado. Al sacar el celular de su bolsillo notó que no tenía señal.

Cuando llegó a Del cemento 3800 notaba que el orden variaba. La cuadra siguiente volvía a marcar 4000-4100. Pero el nombre de la calle no se modificaba. Intentó preguntar a varios transeúntes que pasaban. La mayoría estaba mirando el celular o concentrados en sus asuntos y no registraban su presencia. Algunos decían que estaban apurados. Otros que no tenían idea. Sólo unos pocos le contestaban que debía seguir algunas cuadras más hacia el sentido que estaba yendo.

Marcos continuo su marcha. Volvió a ver su teléfono y seguía sin señal. Cuando llegó Del cemento 4500 notó que de golpe las direcciones de las casas pasaban al 2525, 2559, 2583, etc. Volvió a consultar a las personas que cruzaba y le repetían lo mismo que en la vez anterior. 

A medida que avanzaba veía que si bien la calle seguía siendo peatonal había cada vez menos comercios y edificios. Empezaban a abundar casas de una o dos plantas, fábricas o depósitos.

Mas tarde se encontró con que la numeración regresaba al 4000. Intentó mirar otra vez su celular pero la señal brillaba por su ausencia. Los transeúntes que pasaban eran cada vez menos. Aunque ahora no preguntó nada porque sabía que le iban a responderle igual que en las ocasiones anteriores. Dos cuadras más adelante vio un kiosco. Entró y preguntó allí. Uno de los empleados no conocía esa dirección, el otro le dijo que serían unas siete cuadras más, que siga caminando por Del cemento del modo que estaba yendo.

Marcos recorrió ese tramo. Al llegar esa dirección no apareció. Observó la altura de las casas y comprobó que estaba nuevamente al 4700. 

Hizo trecientos metros más. En una esquina encontró una carnicería. El señor que atendía le explicó que debía ser para el lado opuesto porque para el que Marcos iba el orden de la calle subía. Igual le recomendó preguntarle a otras personas porque no sabía donde quedaba esa altura. 

Miró su celular. Este continuaba igual. Se fijó la hora. Eran más de las 14. Se sorprendió con lo rápido que se le había pasado el tiempo. Intentó seguir preguntando a algunos que pasaban. Ninguno le daba una respuesta clara. La gran maoría no tenía idea o pasaban de largo sin responderle. Mientras que unos les decían que camine para un sentido y otros para el contrario. Todo esto empezaba a cansarlo. Su cuerpo se hallaba bañado en sudor. Buscó un banco donde sentarse. La mayoría estaban ocupados por personas que dormían. Después de caminar algunas cuadras encontró uno libre. Allí sacó de su mochila una botella de agua y bebió hasta acabarla. También tomó el sobre que tenía que entregar. Observó que sólo decía "para Jorge González, calle Del cemento 3325 PB" No había ningún número de teléfono ni DNI. Lo volvió a guardar. 

Marcos no sabía que más hacer. Se recostó sobre aquel asiento. 

Más tarde lo despertó el ruido de dos personas que pasaban hablando a los gritos. Sacó su celular. Este continuaba del mismo modo. Su reloj marcaba las 16:22. Se levanto. Tuvo la idea de salir de esa peatonal. Dobló en la primera esquina que cruzó. Ahora tenía que caminar por la vereda. Volvía a escuchar el ruido de los coches que pasaban. A los pocos metros observó su teléfono y la señal había regresado. Se encontró con un montón de WhatsApp, mensajes de texto y llamadas perdidas. La mayoría eran de la sucursal del correo para recordarle el resto de las cosas que le faltaba entregar.

Marcos llamó a un auto de aplicación para que lo lleve al lugar donde había dejado su moto. Se subió a ella hacia la sucursal del correo. Le explicó lo ocurrido a un superior y este pensaba que era una burla. Le mostro el extenso historial de las veces que intentaron comunicarse con él. Además de darle una notificación por parte del representante de la empresa en aquella zona citándolo el día siguiente a las 9 en la sede central. 

Luego Marcos se dirigió hacia su casa. No sabía que pensar. O como demostrar que lo que le pasó fue real. También se arrepintió de perder tanto tiempo con aquel sobre. De no haberse vuelto ni bien comprobó que la calle Del cemento cambiaba de numeración, dejar el paquete allí y entregar otros pedidos. 

Se baño y se fue a acostar. No tenía hambre. Le dolía la cabeza. 

A la mañana siguiente Marcos, apenas revisó su teléfono se encontró con un WhatsApp del correo avisándole que se dirija a la sucursal donde trabajaba, también a las 9. Le dijeron que el representante lo recibiría en ese local.

Una vez que llegó estaba el superior, los demás compañeros y el representante. Todos empezaron a reírse a carcajadas. Le hicieron saber que era una broma que le hacen a los nuevos empleados. La dirección Del cemento 3325 PB no existe. 

Aunque le avisaron que no sabían quien le puso la numeración a esa calle y porque lo hizo de esa manera. También coincidían con Marcos en el que en esa peatonal la señal de teléfono era poca o nula. 


domingo, 5 de julio de 2026

Rueda

Rueda


Rueda la pelota en los estadios
Buscando el arco rival
Corren los jugadores de los países 
Esperando el aplauso final

Ruedan los precios 
Todos los meses sin parar
Malestar que se agiganta
Sin saber cómo va a terminar

Ruedan las personas
Por el duro cemento de la ciudad
Una tierra hipotecada
Sin saber cuando la terminarán de rematar

Ruedan las bombas cruzando el océano
Terror, muerte y heridas que no paran de sangrar
Ataque, defensa y acusaciones
Desesperación de familias que perdieron su hogar

Ruedan las hojas secas del invierno
Por calles vestidas de soledad
Domingos de melancolía
Tibio rayo de sol que no alcanza a abrigar

Ruedan los años
Los cuerpos nos van revelando la edad
Seguimos atravesando etapas
Hasta que llegue la hora de irnos de acá

sábado, 6 de junio de 2026

Las palomas

 Las palomas


Aquellas palomas se alimentaban de yuyos, flores y hojas de plantas que encontraban. Anidaban en las copas de los árboles más altos. En el medio de ese campo había una laguna. De allí bebían. 

Una mañana se asombraron al ver la llegada de varios helicópteros. Estos se posaron encima de ese espejo de agua. De sus bases un grupo de personas vestidas con uniforme azul lanzó mangueras que aspiraron buena parte de su contenido. 

Poco después esas aves fueron testigo de la aparición de topadoras que se encargaban de desmontar aquella zona donde habitaban. Acompañadas por otro grupo de personas vestidas igual que las anteriores que se encargó de cubrir con cemento ese sitio. Ellas ahora debían ir mas lejos para alimentarse y construir sus nidos.

Semanas más tarde las palomas presenciaron como esos helicópteros nuevamente volvieron a sacar agua de aquella laguna dejándola por la mitad. Empezaba a ganarles la incertidumbre. Se incomodaban al pensar que tenían menos espacio para vivir, alimentarse y poder calmar su sed. Aunque por otra parte conservaban la esperanza de que con el tiempo esas personas les volverían a reconstruir su hábitat. En aquella zona más distante de la laguna continuaban con sus vidas. Se reproducían, volaban para beber o refrescarse en aquel espejo de agua y buscaban flores, insectos o pastos para comer.

Otro día las palomas advirtieron el regreso de esas topadoras. Como forma de demostrar su descontento comenzaban a volar rodeando aquellos vehículos y dando fuertes graznidos. De pronto llegaron varios camiones. De allí bajaron personas cubiertas también de azul que empezaron a dispararles. A varias las mataron, a otras les provocaron daños importantes en alas, picos y ojos. 
Al ver esto la mayoría de ese grupo huyó espantado. Aunque había algunas tantas que se quedaban a ayudar a las que quedaban heridas o quedarse al lado de las fallecidas. 
Empezaban a vislumbrar la presencia de palomas procedentes de otros parajes donde ya los habían secado, desmontado y cubierto con cemento en su totalidad.

Tiempo después volvieron a ser testigos del arribo de esos helicópteros. Estos redujeron el agua de esa laguna a una cuarta parte de su tamaño original. Acompañados por topadoras que continuaban deforestando aquel sitio destruyendo otra vez nidos y espacios donde se movían. Sumado a los hombres vestidos de azul que bajaban de los camiones empezando a dispararles buscando ahuyentarlas. A las que se les acercaban graznando como forma de protesta les tiraban hasta matarlas. 
Esa población de palomas nuevamente se veía obligada a abandonar su territorio y alejarse aún más de aquel espejo de agua. La cantidad de palomas que venían de otros sitios que ya habían sido destruidos por completo no paraba de aumentar. Llegaban cada vez más débiles. Volaban bajo. Paraban un rato a descansar para luego despegar y volver a hacer otra pausa.

La angustia aumentaba constantemente entre toda esa población. Les era cada vez más difícil anidar o conseguir alimentos. Tampoco sabían dónde. Los yuyos, plantas o árboles que aún permanecían no alcanzaba para todas. La poca agua que quedaba se mezclaba con el barro situado en el fondo. Pero a las palomas no les quedaba otra que seguir bebiendo de allí. Aunque muchas después se enfermaban. También había muchas que al no poder alimentarse lo suficiente terminaban muriendo. Otras empezaban a pelearse a picotazos entre ellas tanto por el agua como por la comida o sitios donde armar sus nidos. 
La desesperación se iba apoderando entre este grupo. Cada una buscaba salvarse como podía. Era capaz de herir o matar a la de al lado con tal de sobrevivir. 
Las más fuertes empezaron a volar buscando nuevos terrenos donde poder tener una mejor calidad de vida alejándose de ese sitio para no volver. Otras, unas pocas, pretendían organizarse intentando construir refugios colectivos o racionar recursos para que todas puedan tener las mismas porciones. Y ver la manera de recuperar lo perdido intentando almacenar el agua de lluvia o colocar tierra encima de los sitios que habían quedados cubiertos con cemento buscando que con el tiempo aparecieran nuevos brotes. Pero apenas una minoría les llevaba el apunte. Incluso recibían ataques de muchas palomas. La gran mayoría de estas aves se hallaba resignada. Sólo pendiente de sus asuntos personales. Su principal preocupación era como subsistir cada día ante este panorama cada vez más desolador. Sumado al temor de que regresaran esos seres vestidos de azul para quitarle más agua y territorio. 

sábado, 9 de mayo de 2026

Alguien

Alguien 

Lucas comió una milanesa acompañada con tomate. Para tomar jugo de naranja. Después se levantó dejando plato, vasos y cubiertos en la mesa creyendo que alguien los juntaría y lavaría.

Gastón conversaba con Mariano mientras cenaban fideos y bebían vino. Al finalizar salieron a encontrarse con dos amigas.

Gabriela merendaba mate con facturas. Casi todo el tiempo se la pasaba mirando y tocando el celular. Cuando terminó no sabía que hacer con el papel, miguitas, termo y mate que quedaron en la mesa. Pensó que otro se encargaría de levantarlos. Se fue a bañar. 

Ignacio sacó de la heladera el plato que contenía las tres porciones de pizza que le quedaron del día anterior. Al finalizar dejó bordes y carozos en ese plato creyendo que luego otra persona los juntaría. Agarró su riñonera y salió con su auto. 

A Valeria se le antojó comer pollo al horno. De postre helado. Una vez que terminó de darse ese gusto caminó hacia el sillón. Prendió la tele y empezó a buscar alguna serie. 

Lucas desayunó té acompañado de tostadas con mermelada. Luego se fue apurado hacia su trabajo. Supuso que alguien se encargaría de juntar y lavar taza, plato y restos de pan.

Llegó un momento donde esa mesa quedó completamente sucia. Se mezclaban las manchas de salsa, bebidas, miguitas, etc. Sumado a los recipientes sin lavar que se iban acumulabando cubriéndola en su totalidad.

Todos pensaban que habría algún otro que se encargaría de juntar, lavar o pasar un trapo sobre aquel mueble. Jamás se les ocurrió a cada uno hacerse cargo de sus propios residuos.

Empezaban los insultos y discusiones interminables echándose la culpa uno al otro por dejar todo sucio, no avisar quien se encargaría de la limpieza o la responsabilidad le cabía a cada cual. 

domingo, 19 de abril de 2026

Con A

Amarraba la balsa hasta la playa
Bajaba la rampa para apagar las llamas
Rascaba la barba blanca
Acababan las malas rachas
Zarpa la fragata al más allá
Armaba la trampa 
Baladas amargas para Ana
A la casa marchaba cansada

Atrapaba las ratas hasta matarlas

Lavaba las sábanas manchadas
Amaba las manzanas a las brasas

Gaspar amasaba pastas
Al alba cantaban las garzas
Trasladaba la carga hasta Catamarca
Alabanzas para sanar las almas 

sábado, 7 de marzo de 2026

Dudas

 Dudas 


Comenzaba marzo. Luciana tenía ganas de hacer un curso de tejido. Empezó a buscar en las redes. Anotó el número de los lugares que le quedaban más cerca de su casa. Podría ir después de las 17 cuando terminaba de trabajar en una cafetería ubicada en el centro. 
Una noche ya en la cama comenzó a ver una serie. No se pudo concentrar. Le abrumaban las dudas sobre si realmente quería ir a algún taller o dejarlo para otro momento. Sentía que todavía no estaba del todo decidida. Acabó por dormirse varias horas después. 
A excepción de los domingos Luciana se levantaba a las 7. Desayunaba café y tostadas con mermelada para luego salir a tomar el subte A que la llevaba a su trabajo.
Un sábado mientras revolvía carne picada en una sartén retomó con la idea. Aprendería cosas aparte de hacer algo diferente. Se prometió seguir buscando a partir del lunes siguiente. 
Sin embargo esa euforia le duró poco. Una semana después empezaba a replantearse si realmente quería tejer. Por un lado le gustaba. Pero por otra parte sentía que no se hallaba lo suficiente preparada. 
Luciana vivía sola en un departamento dos ambientes ubicado en Flores. Tenía un hermano menor al que sólo veía para los cumpleaños tanto de ambos como el de su madre. 
Trabajaba en la cafetería hace más de un año. Anteriormente se repartía el tiempo entre la facultad y la panadería que tenía Oscar, su padre. Quería ser psicóloga.
Pero llegó un día donde Oscar tuvo que cerrar la panadería porque se le hacía cada vez mas difícil afrontar los gastos al tiempo que bajaban las ventas. Luciana se vio obligada a buscar otro empleo y dejar la universidad. Al poco tiempo su padre terminó muriendo de un infarto.
Los pocos amigos que tenía los hizo en la facultad. Con ellos crearon un grupo de WhatsApp para juntarse a estudiar o reunirse a tomar algo de vez en cuando. 
Estaba terminando abril. Una tarde al salir del trabajo volvió a pensar con más profundidad el plan de comenzar algún taller. Lo había hablado con un compañero y este le aconsejó hacerlo. Se entusiasmaba imaginando hacerse sus propias prendas, incluso poder venderlas al tiempo que conocería más gente.
Cuando llegó a su casa volvió a buscar en la Tablet cursos de tejidos. Mandó WhatsApp a varios.  
No tuvo mucha suerte en el amor. Hace más de tres años rompió abruptamente con Gastón, su última pareja, al enterarse que la engañaba con otra. Fue una tarde que llegó antes de la facultad y los vio a los dos juntos besándose en un sillón del living. Le agarró un ataque. Empezó a gritar echando a ambos. Ahora estaba llegando a los cuarenta. Prefería seguir así. 
A su madre la visitaba una vez por semana, generalmente los domingos o feriados que era cuando mayor tiempo tenía.
A los pocos días Luciana dudaba de nuevo sobre seguir buscando cursos. Pensaba y le daba un poco de fiaca. Prefería esperar a que llegara la primavera con los días más largos y calurosos. 
Una vez le comento esa idea a dos amigas mientras comían pizza en un bar. Ellas, además de seguirle preguntando si algún día retomaría los estudios, le recomendaron hacerlo. Que no dejara perder la oportunidad. Argumentaban que por ahí después ya no podría por algún problema imprevisto que le surgiera o sería demasiado tarde. 
De nuevo en su casa Luciana lo pensó otra vez. Volvió a decirse que algo tenía que hacer ahora que había dejado de estudiar. No podía estar solamente yendo y viniendo de la cafetería a su casa y viceversa. Además podría crearse un sitio y vender tejidos por internet obteniendo un dinero extra. Sumado al caso de que si alguna vez perdería el empleo tendría otra salida.  
Ya en invierno empezó a cuestionarse si realmente valdría la pena comenzar algún curso. A lo mejor iría y no le gustaba o no era lo que quería. Notaba que no se hallaba lo suficiente preparada.  
Luego de varias semanas retomó con la idea. Una mañana en el subte. Veía que se le iba pasando el tiempo y no hacía nada. Se reprochaba. Si iba a un taller y no le gustaba lo dejaría y buscaría otro. 
Una vez que fue a visitar a su madre Luciana también se lo comentó. Esta le dijo que haga como mejor le parezca y se sienta cómoda. 
Un domingo mientras caminaba por Parque Centenario empezó de nuevo a dudar. Tenía miedo a comprometerse para ir todas las semanas y después arrepentirse, faltar y no poder cumplir. Que pensarían los demás compañeros del curso.
Para fines de octubre Luciana otra vez se decidió a ir. Aunque no buscó nada porque ya faltaba poco para que termine el año. Se enojaba con si misma por perder todo ese tiempo pensando y dudando. Se prometió empezar el año que viene. Aunque en el fondo no sabía si lo iría cumplir o volverían a aparecerle las mismas inseguridades que estos últimos meses.

sábado, 7 de febrero de 2026

Alarmas

 

Alarmas

 

A eso de las 19 empezó a sonar la alarma de un auto situado en el cordón de una vereda. Ésta no se apagaba. Por ahí pasaban minutos en que dejaba de sonar y después otra vez el ruido.

Esta situación empezaba a alterar a los vecinos de aquella cuadra. Tampoco veían a nadie subirse al vehículo para desconectarla.

Muchas personas iban llegando a esa vereda estacionando sus coches tanto detrás como adelante de ese vehículo. 

Mas tarde un ensordecedor ruido de alarmas estremeció aún mas a los habitantes de aquel sitio. Se asomaban a los balcones, salían a la vereda. Notaban que el sonido de esa alarma se extendía a varios vehículos situados delante, detrás y enfrente.

Tuvieron que cerrar puertas y ventanas y poner el ventilador para tapar los ruidos. Los que tenían también prendían el aire acondicionado. 

Así pasaron la noche.

A la mañana siguiente todo seguía igual. Sólo que cada vez eran más coches a los que este ruido iba contagiando. Manzanas enteras. Muchos dueños de vehículos apagaron las alarmas y salieron. Pero al volver y estacionarlos se volvían a encender. Buscaban apagarlas pero a los pocos minutos se prendían de nuevo. 

A la noche muchos también veían que esa onda llegaba a estacionamientos o garages de casas y edificios. Buscaban frenarlas pero era en vano. Pasaban pocos minutos y otra vez.

Para dormir ya no sabían que más hacer para tapar los ruidos

Al despertarse ahora descubrían que sonaban unas alarmas primero, después estas paraban y se activaban otras que estaban en silencio, luego algunas más. Como si se turnaban. Incluso parecían hacerlo a coro formando melodías.

Sumado a que cada vez eran más las manzanas donde los autos se contagiaban con esos sonidos. Empezaba a afectar también a camiones, colectivos o autos particulares que andaban por las calles. Estos se paraban y se encendían las alarmas. Sus conductores buscaban desactivarlas para continuar su trayecto pero les era imposible.

Se quedaban anonadados. No sabían lo que pasaba. Seguían probando destrabarlas sin éxito alguno. Puteaban, golpeaban los vehículos, hablaban entre ellos o llamaban a sus jefes, inspectores, amigos o familiares para informarles de la situación. 

También había algunos transeúntes que filmaban lo que ocurría y lo subían a sus redes. Y unos pocos que se movían al ritmo que hacían las alarmas. 

A la noche el ruido de alarmas se expandió a todos los vehículos de la ciudad. Cada vez eran más claros los ritmos que hacían. Sonando en grupo algunas, en solitario otras, unas parabas otras se encendían, a veces todas juntas en coro. Los habitantes de esa ciudad llegaban a distinguir ritmos de cumbias, rock, chacareras o música electrónica. 

Salieron a las calles y se pusieron a bailar.