Las palomas
sábado, 6 de junio de 2026
Las palomas
sábado, 9 de mayo de 2026
Alguien
Alguien
Lucas comió una milanesa acompañada con tomate. Para tomar jugo de naranja. Después se levantó dejando plato, vasos y cubiertos en la mesa creyendo que alguien los juntaría y lavaría.
Gastón conversaba con Mariano mientras cenaban fideos y bebían vino. Al finalizar salieron a encontrarse con dos amigas.
Gabriela merendaba mate con facturas. Casi todo el tiempo se la pasaba mirando y tocando el celular. Cuando terminó no sabía que hacer con el papel, miguitas, termo y mate que quedaron en la mesa. Pensó que otro se encargaría de levantarlos. Se fue a bañar.
Ignacio sacó de la heladera el plato que contenía las tres porciones de pizza que le quedaron del día anterior. Al finalizar dejó bordes y carozos en ese plato creyendo que luego otra persona los juntaría. Agarró su riñonera y salió con su auto.
A Valeria se le antojó comer pollo al horno. De postre helado. Una vez que terminó de darse ese gusto caminó hacia el sillón. Prendió la tele y empezó a buscar alguna serie.
Lucas desayunó té acompañado de tostadas con mermelada. Luego se fue apurado hacia su trabajo. Supuso que alguien se encargaría de juntar y lavar taza, plato y restos de pan.
Llegó un momento donde esa mesa quedó completamente sucia. Se mezclaban las manchas de salsa, bebidas, miguitas, etc. Sumado a los recipientes sin lavar que se iban acumulabando cubriéndola en su totalidad.
Todos pensaban que habría algún otro que se encargaría de juntar, lavar o pasar un trapo sobre aquel mueble. Jamás se les ocurrió a cada uno hacerse cargo de sus propios residuos.
Empezaban los insultos y discusiones interminables echándose la culpa uno al otro por dejar todo sucio, no avisar quien se encargaría de la limpieza o la responsabilidad le cabía a cada cual.
domingo, 19 de abril de 2026
Con A
sábado, 7 de marzo de 2026
Dudas
Dudas
sábado, 7 de febrero de 2026
Alarmas
Alarmas
A eso de las 19 empezó a sonar la alarma de un auto situado en el cordón
de una vereda. Ésta no se apagaba. Por ahí pasaban minutos en que dejaba de
sonar y después otra vez el ruido.
Esta situación empezaba a alterar a los vecinos de aquella cuadra. Tampoco veían a nadie subirse al vehículo para desconectarla.
Muchas personas iban llegando a esa vereda estacionando sus coches tanto detrás como adelante de ese vehículo.
Mas tarde un ensordecedor ruido de alarmas estremeció aún mas a los
habitantes de aquel sitio. Se asomaban a los balcones, salían a la vereda.
Notaban que el sonido de esa alarma se extendía a varios vehículos situados
delante, detrás y enfrente.
Tuvieron que cerrar puertas y ventanas y poner el ventilador para tapar
los ruidos. Los que tenían también prendían el aire acondicionado.
Así pasaron la noche.
A la mañana siguiente todo seguía igual. Sólo que cada vez eran más
coches a los que este ruido iba contagiando. Manzanas enteras. Muchos dueños de
vehículos apagaron las alarmas y salieron. Pero al volver y estacionarlos se
volvían a encender. Buscaban apagarlas pero a los pocos minutos se prendían de
nuevo.
A la noche muchos también veían que esa onda llegaba a estacionamientos
o garages de casas y edificios. Buscaban frenarlas pero era en vano. Pasaban
pocos minutos y otra vez.
Para dormir ya no sabían que más hacer para tapar los ruidos
Al despertarse ahora descubrían que sonaban unas alarmas primero,
después estas paraban y se activaban otras que estaban en silencio, luego algunas
más. Como si se turnaban. Incluso parecían hacerlo a coro formando melodías.
Sumado a que cada vez eran más las manzanas donde los autos se
contagiaban con esos sonidos. Empezaba a afectar también a camiones, colectivos
o autos particulares que andaban por las calles. Estos se paraban y se
encendían las alarmas. Sus conductores buscaban desactivarlas para continuar su
trayecto pero les era imposible.
Se quedaban anonadados. No sabían lo que pasaba. Seguían probando
destrabarlas sin éxito alguno. Puteaban, golpeaban los vehículos, hablaban
entre ellos o llamaban a sus jefes, inspectores, amigos o familiares para
informarles de la situación.
También había algunos transeúntes que filmaban lo que ocurría y lo
subían a sus redes. Y unos pocos que se movían al ritmo que hacían las
alarmas.
A la noche el ruido de alarmas se expandió a todos los vehículos de la
ciudad. Cada vez eran más claros los ritmos que hacían. Sonando en grupo
algunas, en solitario otras, unas parabas otras se encendían, a veces todas juntas
en coro. Los habitantes de esa ciudad llegaban a distinguir ritmos de cumbias,
rock, chacareras o música electrónica.
Salieron a las calles y se pusieron a bailar.