Dudas
Comenzaba marzo. Luciana tenía ganas de hacer un curso de tejido. Empezó a buscar en las redes. Anotó el número de los que le quedaban más cerca de su casa. Podría ir después de las 17 cuando terminaba de trabajar en una cafetería ubicada en el centro.
Una noche mientras estaba en la cama se puso a ver una serie. No se pudo concentrar. Le abrumaban las dudas sobre si realmente quería ir a algún taller o dejarlo para otro momento. Sentía que todavía no estaba del todo decidida. Acabó por dormirse varias horas después.
A excepción de los domingos Luciana se levantaba a las 7. Desayunaba café y tostadas con mermelada para luego salir a tomar el subte A que la llevaba a su trabajo.
Vivía en un departamento dos ambientes ubicado en Flores. No tuvo mucha suerte en el amor. Hace más de seis años rompió abruptamente con Gastón su última pareja al enterarse que la engañaba con otra. Fue una tarde que llegó antes del trabajo y los vio a los dos juntos besándose en el sillón. Le agarró un ataque. Empezó a gritar echando a ambos. Ahora estaba llegando a los cuarenta. Prefería seguir sola.
Tenía un hermano al que sólo veía para los cumpleaños.
A su madre la visitaba una vez por semana, generalmente los domingos o feriados que era cuando mayor tiempo tenía. Su padre había fallecido.
Luego de dos semanas al salir de la cafetería donde atendía volvió a pensar con más profundidad la idea de comenzar algún taller de tejido. Lo había hablado con un compañero y este le aconsejó hacerlo. Ahora se entusiasmaba imaginando hacerse sus propias prendas, incluso poder venderlas. Sumado a que aprendería otras cosas y conocería gente.
Cuando llegó a su casa volvió a buscar en la Tablet cursos de tejidos. Les mandó WhatsApp a varios.
Luciana no tenía demasiados amigos. La mayoría de los que le quedaban eran de cuando iba a la facultad de psicología. Con ellos crearon un grupo de WhatsApp para juntarse a estudiar o reunirse a tomar algo de vez en cuando. Pero hace más de un año dejó los estudios porque no le daban los tiempos para trabajar y a la vez concurrir a las clases. Menos para alcanzar a leer todos los textos que le daban.
A los pocos días dudaba de nuevo. Pensaba y le daba un poco de fiaca. Prefería esperar a que llegara la primavera con los días más largos y calurosos.
Una vez se lo contó a dos amigas mientras comían pizza en un bar. Ellas le recomendaron hacerlo. Que no dejara perder la oportunidad. Argumentaban que por ahí después ya no podría por algún problema imprevisto que le surgiera o sea demasiado tarde.
De nuevo en su casa Luciana lo pensó otra vez. Volvió a decirse que algo tenía que hacer ahora que había dejado la facultad. No podía estar todo el tiempo yendo y viniendo de la cafetería a su casa y viceversa. Además podría crearse un sitio y vender tejidos por internet obteniendo un dinero extra. Sumado al caso de si que alguna vez la echaran tendría otra salida.
Ya en invierno empezó a cuestionarse si realmente valdría la pena. A lo mejor iría y no era lo que ella pensaba. O le costaría adaptarse al grupo.
Luego de varias semanas retomó con la idea. Una mañana mientras iba sentada en el subte. Veía que se le iba pasando el tiempo y no hacía nada. Se reprochaba. Si iba a un taller y no le gustaba lo dejaría y buscaría otro.
Una vez que fue a visitar a su madre Luciana también se lo comentó. Esta le dijo que haga como mejor le parezca y se sienta cómoda.
Un domingo mientras caminaba por Parque Centenario empezó de nuevo a dudar. Tenía miedo a comprometerse para ir todas las semanas y después arrepentirse, faltar y no poder cumplir.
Para fines de octubre Luciana otra vez se decidió a ir. Aunque no buscó nada porque ya faltaba poco para que termine el año. Estaba arrepentida por perder todo este tiempo pensando y dudando. Se prometió empezar el año que viene.