Los dias de Gonzalo
Gonzalo vivía solo. Alquilaba un departamento en Almagro.
El lunes por la mañana lo llamó la secretaria de la oftalmóloga avisando que no iba a poder atenderlo. Debía esperar una semana mas.
Comió algo y se fue caminando a la estación de servicio ubicada a pocas cuadras de su casa. Allí trabajaba atendiendo el bar por la tarde. Se había recibido de abogado hace tres años. Cuando terminó de cursar la facultad de derecho. Pero por ahora no encontraba lugar donde ejercer.
Al otro día, luego de desayunar fue a hacer unas compras. Cuando regresó encontró el piso de la cocina empapado. No sabía de donde venía el agua. Tanto el techo como las paredes estaban en perfecto estado. Abrió la puerta de la mesada y se dio cuenta que perdía el caño que iba hacia la pileta. Pasó un trapo y puso una olla para contener las gotas. Llamó al plomero. Quedó para el sábado por la mañana. Salió hacia el trabajo.
Horas después en el grupo de watshap que tenía con sus amigos muchos comentaban que estaban resfriádos o con gripe y no podían juntarse a cenar como lo hacían casi todas las smenanas. Lo dejarían para el próximo martes.
A eso de las diez de la noche llegó a su casa. Vió que la olla que puso para contener las gotas que caían del caño desbordó mojando el interior de la mesada. Se puso a secar. Colocó una cacerola mas grande. Luego se puso ropa de entrecasa mientras calentaba unas milanesas. Al terminar de comer estuvo un rato con la computadora.
De pronto lo llamó Nicolás. Le dijo que su madre que vivía en Paraná tuvo un problema de salud y debia ir a verla urgente. Con Nicolás hace poco mas de un año que se conocían. Junto a su hermana alquilaba un departamento en Flores.
A la mañana siguiente Gonzalo fue a la casa de Nicolás. Se hallaba junto a su hermana. Ambos terminaron de armar los bolsos y pidieron un taxi hasta Retiro. Gonzalo las acompaño. Consiguieron pasajes para la tarde. Gonzalo les dijo que no podía estar porque tenía que trabajar. Nicolás lo invitó a tomar algo en un bar. Acabaron abraandose y besándose hasta que Gonzalo se despidió. Quedaron en hablarse y mensajearse.
Gonzalo fue a tomar el subte C para después hacer conbinación con la linea A que lo dejaba cerca. Deseaba que Nicolás no lo deje, que regrese lo antes posible. Se acordaba del día que se conocieron. En el cumpleaños numero treinta y cinco de Mariana, su mejor amiga. Nicolás le hablaba de los pacientes que llegan a la guardia. Ya que tanto él como Mariana son compañeros del hospital Fernandez. Gonzalo sobre los clientes que paran el el bar de la estación de servicio. Entre copas y anecdotas hubo onda entre los dos.
Ya en el trabajo Gonzalo se dio cuenta que no tenía celular. Se enfadó. Empezó a sudar. Pensaba si lo perdió en la mesa del bar de Retiro donde tomaron algo, se le cayó del bolsillo de la campera cuando se la quitó, o alguien en el subte se lo sacó sin que lo notara. Del teléfono de la estación llamó a su celular. Sonaba el tono pero no contestaba nadie. Después llamó a Nicolás para avisarle. Intentó comunicarse varias veces pero le ocurría lo mismo. Decidió llamar a la compañia para que suspenda el servicio.
Al regresar a su departamento volvió a sacar la cacerola de abajo de la mesada. Esta también había desbordado mojando maderas y demas recipientes. Vio que el caño goteaba mas seguido. Deseaba que llegara el sábado para que viniera el plomero y lo solucionara. No tenía hambre. Le dolía la cabeza. Se dió una ducha para luego irse a la cama.
Al otro día Gonzalo tenía que estar a las nueve en el centro por una entrevista laboral. Tomó el subte B en Medrano. Si le iría bien tenía grandes posibilidades de ocupar un cargo en Tribunales. Lo que lo haría llevar un nivel de vida distinto y hacer lo que mas le gustaba. Defender a las mujeres de maltratos. Tanto físicos como económicos o psicológicos. Cuando se dió cuenta estaba en la estación Lacroze. No lo podía creer. Había tomado el subte al revés. Salió corriendo y se puso a esperar que llegara el tren que lo dejaría en Uruguay. Escuchó que por altoparlantes informaban que el servicio funcionaba con demoras. Enfureció. Tanto la camisa como el rostro se les empapaban de sudor. Su celular lo había perdido o se lo habían robado en la mañana anterior. No tenía manera de avisar que llegaría mas tarde. Cuando lo hizo, casi una hora después de lo acordado, ya no se encontraba nadie en esa oficina.
Enojado, masticando bronca empezó a caminar por Corrientes. Pensaba seguir hasta Callao y después doblar hacia Rivadavia. A las 13 entró a atender el bar de la estación de servicio.
En la madrugada del viernes Gonzalo se levantó para ir al baño. Prendió el velador paro este no hacía nada. Pensó que no funcionaba. Intentó lo mismo con la luz de la pieza y nada. Lo mismo cuando probó encender el televisor. Se dió cuenta que le cortaron la luz.
Ya por la mañana se lavó la cara y los dientes con el último chorro que salía de la canilla. Bajó por la escalera los seis pisos que lo separaban de la calle. Habló con el encargado. Le dijo que hizo el reclamo pero no sabían cuando volvería el servicio. En la cuadra de enfrente vio que varios negocios tambien estaban sin energía eléctrica. Desayunó algo en un café. Despues fue a un locutorio para llamar a Nicolás. Quien le dijo que su madre estaba mejor de la presión y ya le dieron el alta en la clínica donde la internaron. Pero por ahora debía mantenerse con controles médicos. Además de hacerle saber que lo extrañaba y no veía la hora de volver a Buenos Aires. Gonzalo también le dijo que esperaba ansioso su regreso.
Al volver de su trabajo comprobó que la luz aún no había retornado. Subió los seis pisos por la escalera en medio de la oscuridad. Prendió una hornalla. Tambien encendío una vela. Lo consolaba el hecho que al no tener luz ni agua no perdía el caño de la pileta. Se preparó una ensalada. Después se tiró en la cama hasta quedarse dormido.
El sábado a las nueve de la mañana se levantó para esperar al plomero. Tal como había acordado el martes. Todavía estaba sin luz. Y por ende sin agua. Como no funcionaba el portero eléctrico lo esperó en la entrada del edificio. El plomero le había dicho que estaría allí entre las nueve y las once. Pasadas las doce fue al kiosco que se situaba a media cuadra. Compró un sandwich y una gaseosa. Subió de nuevo a su departamento por la escalera. El encargado le dio dos baldes de agua. Gonzalo le pregunto si sabía cuando volvería la luz. Este le dijo lo mismo que el día anterior. Que le habían contestado que el reclamo estaba pero no sabían cuando lo resolverían.
Se sentía un idiota. Cada vez le pasaba algo distinto. Todas eran malas. No sabía que cosa peor le podía pasar. Al terminar de comer lavó los recipientes con el agua que le dió el encargado. Tambien la utilizó para el baño. Después salió para su trabajo. Usó el teléfono que había para llamar al plomero. Este le dijo que tuvo un inconveniente y no pudo ir. Que lo dejaría para otra ocasión. Gonzalo no paró de insultarlo. Lo mandó a la mierda y le colgó. A la noche volvió a su casa con la misma oscuridad que el viernes. Pensaba en que si tenía el celular podía arreglar para ir a lo de un amigo. O salir a algún lado. Ya que el domingo no trabajaba. Pero se sentía incomunicado. Sin internet ni teléfono. No le gustaba ir directamente a sus casas sin antes avisar.
El Domingo fue almorzar a la casa de Haydee, su madre. Esta vivía en Morón. No le quiso contar sobre todas las cosas que le pasaron para que no se hiciera problema. Lo único que le dijo fue que había perdido el celular. Ella preparó ravioles. Hablaron de Carolina. Su hermana menor que hace sies años vivía en Italia. Haydee le contó tenía ganas de ir a ir a visitarla algún día. También le volvió a decir lo bien que le hizo separarse de Roberto, su ex. Que con el único que realmente sintió amor fue con Carlos. Su primer marido. Quien murió en un accidente automovilístico cuando Gonzalo tenía diez años. Ya por la tarde Gonzalo fue a tomar el tren Sarmiento. Luego el subte A hasta Plaza de Mayo. Quería caminar un poco, distraerse. Después de caminar por San Telmo se sentó en un bar. Pidió un cortado con tres medialunas. Cuando terminó regresó a su casa. Se alegró al ver que la luz había vuelto. Pero esa sensación se le fue al dirigierse a la cocina y encontrar la cacerola desbordada y tanto las maderas de la mesada como el piso todo empapado.
Una vez que terminó de secar todo fue a ducharsre. Ya en la cama esperaba que la semana que va a empeza sea mejor que la que pasó.