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sábado, 20 de enero de 2018

Jujuy







El Pujilay es la encarnación del Carnaval, reconocido popularmente como el espíritu de la Chaya y es parte de las tradiciones locales a la hora de celebrar esta fiesta.

De acuerdo con las tradiciones del Norte argentino, al iniciarse el Carnaval del Diablo hay que desenterrarlo y después de ocho días se procede a su entierro. Durante esos ocho días se vive un frenesí de alegría, danzas, bebida y todo tipo de desbordes porque este carnaval puneño conlleva la transgresión de todos los hábitos, la subversión de todos los valores ya que durante ese período pasa a reinar el Diablo.

El desentierro


La ceremonia comienza con el desentierro del diablo en cada comarca o poblado del Norte argentino. Se arman las distintas comparsas que tiene cada una en particular su propio sitio de desentierro. A ese sitio llegan todos sin disfraces caminando detrás del estandarte alegórico de cada comparsa. Se reconoce al sitio por un cúmulo de piedras amontonadas, adornadas con serpentines, guirnaldas de flores y vellones de lana. Una vez allí se rinde homenaje a la Pachamama, agradeciéndola por los dones recibidos durante todo el año y presentándole ofrendas derramando chicha fermentada sobre la tierra o arrojando hojas o cigarrillos de coca encendidos sobre la tierra, para que "deje salir al Carnaval".
El comienzo

Cada comparsa tiene sus propios diablos preparados para que surjan de pronto desde atrás del cúmulo de piedras. Estos diablos menores son los que tienen a su cargo la organización de la diversión. Deben tener el rostro cubierto y exhibir en el pecho el nombre de la comparsa a la cual pertenecen. El Pujilay es la encarnación del Carnaval y reconocido como el espíritu de la Chaya que tiene un sentido masculino.
Son siete días

Durante siete días se amanece al son de los golpes de caja y se duerme con el aroma de la albahaca. Toda la fuerza del hombre que se ha venido acumulando en la soledad del duro trabajo de la tierra para dar sus frutos hace explosión en la Chaya con la copla:
Dicen que el Carnaval viene
Por la lomita pelada
Aquí lo estoy esperando 
Con la alojita colada
Y la alegría que viene danzando en las polleras de colores de las coyas, en los brindis del grito vinero, en el canto de los chayeros y en el golpe del tambor que como corazón de la tierra viene acompañado de vidalas y el lamento de las coplas.
Al llegar al paraje escogido dos del grupo cavan una sepultura mientras que los otros cubren al muñeco con ramas de albahaca, harina, papel picado y lo empapan de aloja y vino y cuando el hoyo ya está listo, lo introducen y lo cubren con tierra. Las mujeres lloran y los hombres se lamentan, por la pérdida de la alegría cantando las últimas y tristes vidalas. Y todos se alejan con el alma triste, porque habrá de pasar doce meses para poder volver a la alegría y el olvido y celebrar otra vez el ritual del Carnaval del Diablo.
Siete días de festejo y euforia hasta un adiós que dura un año
Las comparsas se cruzan por los caminos en donde se libran verdaderas batallas de harina, almidón y papel picado. Con un fino polvo de Luna - y de harina se cubren los rostros y la ropa. Se va de casa en casa bailando, chupando, cantando siempre que se tenga una buena provisión de aloja, vino, albahaca, almidón y papel picado.
Así pasan los siete días de jolgorio y cuando se acerca el final se vuele a las tristezas y lágrimas. El dios de la Chaya, el Pujilay personificado por un muñeco hecho de papel y trapo es colocado en el lomo de un burro y tirado por un chayero que lo lleva a enterrar. Es el último día y todos siguen al Pujilay que se detiene en alguna casa a beber y que le echen chicha y vino al Pujilayapero cuando el sol se oculta. Así el Pujilay, da libaciones y quereres y ese rey de tantos días será enterrado por un año.

ESTO NO LO ESCRIBÍ YO





3 comentarios:

RECOMENZAR dijo...

Muy interesante tu escrito....
Cuando era muy chica disfruté los carnavales
me encantaba el papel picado y tirarle agua a ellos...
Bellos recuerdos de mi argentina
abrazos

Gustavo Yandros dijo...

Gracias Recomenzar. Yo iba con mi familia y vecinos del barrio de Villa Real al corso de Beiro y Lope de Vega. Aunque ahora en carnaval a veces voy a los corsos de Villa Crespo. Me gusta. Por oro lado el escrito tampoco es mio jaja. Te mando una abrazo

maria cristina dijo...

El carnaval mantiene estos ritos en lugares donde la tradición aun se valora, gracias Gustavo, un abrazo!