Viernes por la mañana
Aquel viernes Antonella se levanto a las 7.30 de la mañana. Después de ir al baño fue a la cocina a prepararse el desayuno. Se sorprendió al ver que la pava con el mate junto a las seis galletitas de agua acompañadas con dulce de leche que comía todas las mañanas estaban puestas prolijamente en la mesa. De pronto llegó un Miguel, su robot. Antonella se asusto al verlo. Este le recordó que ella lo había comprado para servirle en todos los asuntos domésticos. Antonella pensaba y se le nublaba la mente. No podía creerlo. Empezó a gritarle y pegarle para que se fuera hasta arrojarlo por el balcón.
Se cambió, salió a la calle y pidió un auto de aplicación para que la llevara a la facultad. Estaba en el cuarto año de agronomía. La conmovió ver que el coche no tenía conductor. Se trasladaba siguiendo las indicaciones que le daba el GPS. Veía que todos los automóviles circulaban en armonía. Ninguno pasaba a otro, tocaba bocina ni cambiaba de carril. Al verlos mas de cerca comprobó que todos funcionaban de la misma manera. Colectivos, camiones, taxis y autos particulares.
En la facultad de encontró con el hall de la entrada vacío. Solo quedaban algunos robots que no paraban de decirle que a partir del lunes siguiente esa institución cerraría. Le reprochaban por esperar a ultimo momento recordándole que tuvo todo el mes para hacerlo. Si no se anotaba para las videollamadas perdía el curso. Debía escanear un código situado en las diferentes pantallas que había en las paredes. Allí le aparecían los días y horarios que le tocaban. Diferentes avatares se encargarían de llamarla de manera individual según las cátedras y materias. Estos darían las cases manejándose a través de las IA. De la misma manera serían los exámenes.
Antonella preguntó por los profesores que tenia en cada cursada pero los robots no la entendían. Cuando quiso saber por los demás alumnos o compañeros que tenía los robots le contestaban que seguramente ya debieron anotarse antes.
Una vez terminado el trámite Antonella quería despejarse de todo aquello. Esta situación la incomodaba. Siempre prefería las clases presenciales y preguntarle personalmente a algún profesor las cosas que no entendía. Se sentía enajenada. Como si no encajara en este nuevo escenario.
Tuvo antojo de salir a fumar y tomar cerveza. Se veía enajenada. Como si estuviera afuera de todas esas cosas que pasaban a su alrededor.
Se mando al primer bar que encontró. Vio que también atendía un robot. Este le indicó que se sentara en una mesa. Cada una de estas estaban separadas con mamparas impidiendo ver lo que pasaba alrededor. También contaban con una sola silla. Antonella permaneció un buen rato sentada allí. Como nadie venía empezó a gritar. El robot le indicó que en la parte de arriba de la mesa había una pantalla que le mostraba el menú que quería elegir. Antonella lo insultó y se fue. Empezó a caminar y al rato encontró otro bar. Ahí también atendía un robot. Le dijo que eligiera la cabina que mejor le quedara cómoda. Se sentó en un sillón de una que estaba doblando un pasillo. En la parte de arriba tenía una tv para elegir lo que quería ver. Deportes, música, series, películas, noticias. Al lado una máquina donde tocaba una tecla y podía servirse lo que deseaba. Café, cerveza, gaseosas, sándwiches, galletitas, alfajores.
Sacó una lata de cerveza y se preparó un cigarrillo.
Al abrir los ojos supo que todo era un sueño. Se quedo tranquila. Después de lavarse la cara y los dientes se preparó el desayuno. Pensaba en que lo soñado no estaba tan lejos de la realidad. Que en un tiempo no mu lejano podía pasar. Se preguntaba que haríamos los humanos cuando los robots, los vehículos sin conductor y la IA se organizaran para hacer todo ellos sin depender de nadie.
1 comentario:
Gustavo,
Estou chegando aqui no seu
Blog para conhecer, e vou
lendo aos poucos e depois voltarei
para comentar de fato.
Vou apreciar ser visitar
meu Espelhando.
Abraço de boa nova semana.
Bjins
CatiahôAlc.
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