Red de escritores en español

sábado, 3 de diciembre de 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

La cerradura de Sergio

La cerradura de Sergio

Sergio vivía en una pequeña habitación. Se levantó a eso de las siete como solía hacerlo habitualmente. Se lavó y desayunó. Puso la llave en la cerradura para intentar abrir la puerta. Pero esta se trabó. Probo varias veces mas y nada. La llave no giraba. No sabía que hacer. Se quedó encerrado. Nunca le pasó algo así. Era la única puerta que daba al exterior. Ventanas no tenía. Solo un pequeño postigo en una pared del baño. Tampoco había portero. Era un tercer piso a contrafrente de un PH. 

Seguía probando pero era en vano. La cerradura no se movía. Sus padres eran los únicos que tenían otro juego de llaves. Pero no estaban. Habían ido a Madrid a visitar a su hermano que vivía allí hace años. 

No tenía el número de ninguna cerrajería. Se puso a buscar por internet. Dio con algunas. Llamó. En varias no le contestaron. En otras los cerrajeros le decían que estaban ocupados y cuando tenían tiempo libre irían. 

Las horas pasaban. Se comunicó con el negocio de ropas donde trabajaba avisándoles de su ausencia.
Ya por la noche seguía todo igual. Intentando sin suerte abrir esa puerta. Ninguno de los cerrajeros que llamo se acercó. Estaba enfurecido. Comió algo, tomó unos tranquilizantes y se  fué a dormir. 

La mañana siguiente lo encontró a Sergio con la misma lucha. La cerradura y la llave que no giraba. Desconocía otra manera de actuar.  Así que intentó llamar a varias cerrajerías mas. En las que respondieron les dijeron lo mismo que la jornada anterior. Algo similar hizo con sus amigos mas cercanos. Los cuales a veces se juntaban para jugar al fútbol, los Sábados a la noche tomar algo en un bar y luego ver que onda, o los domingos a la tarde para jugar a la playstation, al TEG o a las cartas. 

Preparo mate para calmar los nervios. Otro día encerrado. Sin trabajar. Otra vez llamar para avisar que no iría. Luego prendió la tele intentando distraerse pero no lo conseguía. Caminaba de un lado a otro. Del living donde tenía el televisor a la pieza. Se sentaba en la cama, en la silla del escritorio donde estaba la computadora. Miraba algo en ella y después iba al baño. Se mojaba la cara y luego la cocina. Comiendo cosas que tenia en la heladera o alacena. Desde queso o frutas hasta caramelos. Acompañado con gaseosas mas el mate que se había hecho. Para terminar frente a la puerta intentando en vano ver si abría. Por un instante Sergio pensó en escapar por el postigo que se hallaba en la parte superior del baño.  Pero enseguida descarto esa idea. Debía romper el vidrio o la manija con la que lo abría o cerraba. Aparte por el tamaño ni siquiera podía entrar su cabeza.

Al otro día lo mismo. La llave que no giraba. Solo que Sergio lo tomo con mas calma. Se iba acostumbrando. Llamó a las cerrajerías y escuchaba las mismas historias. Que estaban con mucho trabajo y apenas se desocupaban irían. Estuvo con la computadora un rato. Miraba videos en youtube, leía cosas. Tambien veía lo que subían sus amigos en facebook. En la calle, tomando algo, haciendo alguna actividad, paseando. Y él ahí encerrado. Se acostó. Pensaba hasta cuando seguiría así. O en las cosas que dejaba de hacer. Trabajar, ganarse el sueldo. Incluso tantos días temía que lo despidieran. Luego al atardecer pasaba unas horas en el gimnasio. Con exepción de los Martes. Día en que iba a jugar al fútbol con varios amigos en una cancha ubicada a pocas cuadras. Hasta quedarse dormido.

Al despertar Sergio vio que eran mas de las cuatro de la tarde. Para merendar sacó el ultimo yogurth que le quedaba acompañado con galletitas. Despues quiso lavar la ropa. Pero se acordó que no le quedaba mas jabón. Seguía probando si la llave abría y nada. Lo mismo de siempre.
Se tiró de nuevo en la cama. Intentó leer algo pero no tenía paciencia. Pensaba que a sus padres todavía le faltaban mas de diez dias para volver de Madrid. Seguramente Federico, su hermano les presentaría a su novia española. Con la que convivía hace cinco años. El hacía siete que se radicó allí. Estaba por cumplir 34. Tres mas que Sergio. Después fue al living. Encendió la tele. Miró las noticias. Lo que pasaba en la calle, en la ciudad. En el país y resto del mundo. Un mundo exterior que Sergio lo veía cada vez mas lejano. 

A la noche se preparó los últimos churrascos. Luego permaneció hablando por watshap con algunos amigos. Les repetía su actual estado. Estos volvían a decirle que si bien sabían de alguien le avisaban. Aunque tambíen esta historia les resultaba un poco incrédula. 
Se acostó otra vez. Recordó que el día siguiente es sábado. Que a la noche debía ir al cumpleaño de un amigo. Pero aún se hallaba encerrado. Lo que lo llenó de angustia. De pronto le vino la imagen de Melina, su ex pareja. Con la cual convivió hasta hace dos años. Pero como ella era de Tucumán y su madre estaba enferma decidió volverse a su provincia. 

Al levantarse a la mañana Sergio cuando desayunó acabó con las galletitas que le quedaban. Y de nuevo la misma rutina. La llave y la cerradura que no gira. La bronca y desesperación que le resultaba esto al principio paso a transformarse en depresión. Ya no se bañaba o afeitaba. No se quitaba el pijama. De a ratos caminaba de un sitio a otro para terminar siempre en la cama.  

De este modo se le iban pasando los días. Cada vez le quedaban menos cosas para comer. Ya no tenía carne, yogurth, frutas ni galletitas. Ni sabría cuando podría salir a comprar mas. 

72 horas mas tarde Sergio amaneció con chuchos de frío, sed, y un fuerte dolor de cabeza. Caminó al baño para buscar un analgésico y tomar agua. Notó que también le dolía la espalda las articulaciones. Volvió a la cama. Se midió la fiebre. Tenía mas de 39 grados. Busco por internet algún numero de salud de emergencia. Les dijo sobre su estado. Les respondieron que verían como harían por el tema de la cerradura. Se dirigió a la puerta. Empezó a pegarle patadas, piñas y gritar. Tanto que cayó desmayado sobre el parquet. 
Recién despertó a la noche. Notó que se hallaba en una clínica. Acostado en una camilla y con suero. Gritó. Vino corriendo un enfermero. Le dijo que lo trajeron en ambulancia. Estaba débil y con un avanzado estado gripal. Aparecieron dos enfermeros mas. Le explicaron que debieron llamar a los bomberos para romper la puerta mientras él se hallaba inconciente en el piso. Y su estado ira evolucionando a medida que vaya recibiendo líquido y alimentos.

domingo, 13 de noviembre de 2016

El caseron de Jose

El caseron de José



José vivía en un amplio caserón. Era un ermitaño. No salía a ninguna parte Pedía los remedios o las compras necesarias por teléfono. Cuando se sentía mal hacía lo mismo con los médicos.

Todas las noches, antes de acostarse, se dirigía al jardin que se ubicaba al fondo. Se sentaba un rato en el pasto al lado de la tumba de Alicia, su ex mujer. La tocaba, acariciaba mientras le decía algunas palabras.

Alicia tenía cancer. Con el tiempo se le fue agravando. En los últimos meses terminó postrada en la cama. El día de su fallecimiento José cavó un pozo en la tierra depositando su cuerpo allí. Luego de enterrarla puso cemento encima para después pintarlo de blanco. Y encima en letras negras puso su nombre, fecha de nacimiento y de deceso.

Desde allí, con la promesa de no abandonarla no salió mas de la casa.

Tenía un gato negro. A quien lo cuidaba. Lo mimaba, le daba de comer, lo bañaba. Lo había encontrado una noche asomado en una de las ventanas que daba a la calle. Jose le dió agua y comida y el gato entró. Desde ahí aquel felino pasó a ser su única compañía.

También le gustaba tocar cada tanto el piano. Solo que cuando lo hacía le venían recuerdos de Alicia, ya que ella era la que mejor se desempeñaba. Aparte de ser profesora y participar en una orquesta. Su pasión eran los libros. En una habitación tenía una enorme biblioteca. Había ejemplares de Shakespeare, Marx, Borges, Roberto Arlt, Agatha Christie. Contaba con tantos que con el tiempo se los olvidaba y volvía a releerlos.

Su otra pasión era la música. En el living tenía un tocadiscos. Coleccionaba obras de Vivaldi, Mozart, Beethoven. Se la pasaba horas escuchándolas en un sillón. Cerraba los ojos para concentrarse mas. Lo transportaban. Le venían recuerdos de cuando salía con Alicia al teatro, al cine, a cenar. Imágenes de su adolescencia, de sus padres que ya hace años que ya no estan.

Una mañana José no despertó. Su gato, quien dormía en el piso a su lado al ver que no se levantaba le lamía la cara, apoyaba sus patas como para despertarlo. Pero el cuerpo continuaba inmóvil.

Sin embargo por las noches, en aquel caserón, se veían las lámparas encendidas. Se oía música clásica a todo volumen. Las ventanas completamente abiertas. Y el gato que no paraba de maullar.

viernes, 28 de octubre de 2016

Juan y la paloma

Juan y la paloma

Juan corría por un parque. De pronto una paloma posó sobre su cabeza. Empezó a picarlo. Intentó sacudirse pero se le puso encima de un brazo mordiéndole la piel. Quiso sacarla. Se le fue a la cara. Corrió gritando pero esta seguía hiriéndolo. Le agujereaba la remera, los pantalones. Gritaba pero nadie lo escuchaba. Tampoco había demasiadas personas. Sumado a que el parque era enorme.

Hasta que no pudo mas del dolor. Se tiró en el pasto. Sentía ardores por todas partes. Las heridas le sangraban. La paloma aun lo seguía picando sin que Juan pudiera defenderse. 


Al rato Juan cerró los ojos. Cuando esto ocurrió la paloma adqurió el cuerpo de Juan. Solo que estaba intacto. En perfecto estado y sin ninguna herida. Corrío hasta perderse. 


Mientras que Juan se transformó en aquella paloma. 

Semanas después Juan, convertido en ave, picó a una mujer que caminaba por la vereda. La fue lastimando hasta que su cuerpo no resistió. Cayó al suelo y cerró los ojos. 

Entonces Juan, de pasar a ser paloma se convirtió en esa mujer. Con la piel sin ninguna herida. Tampoco las medias o los zapatos presentaban marcas de picaduras. Se levanto y siguió su marcha como si nada. 

Ahora la mujer tenía el cuerpo de aquella paloma. La cual emprendió un nuevo vuelo. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Una marea negra

Una marea negra avanzando por el centro de la ciudad. 
Una marea negra caminando bajo la frias gotas que caen. 
Una marea negra marchando en un miercoles gris mas parecido al invierno que a la primavera. 
Una marea negra haciendose ver. 
Una marea negra exigiendo. 
Una marea negra exhibiendo pancartas con carteles de justicia. 
Una marea negra esperando que a partir de ahora haya un antes y un despues. 

Que cale hondo tanto en organismos del Estado, medios de comunicación y demas miembros de la sociedad para poder cambiar las cosas para bien.



Cada 18 segundos en Argentina una mujer llama al 911 por violencia de género.
Cada 30 horas en promedio se calula que, tambien en Argentina, muere una mujer por las mismas causas.
En lo que va del año hubo 275 femicidios.

Que nos pasó como sociedad para llegar a esto. Que es lo que ocurre en el interior de nuestras cabezas. Que cosas no hicimos o hicimos mal para que esto suceda. Que fue lo que permitimos o lo vimos como algo normal.

Toda persona tiene derecho a hacer de su vida lo que se le antoje. Obvio que sin molestar al otro. No necesita a nadie que lo controle, ofenda, lastime o maltrate, tanto psicológica como físicamente. Tampoco con una, dos o diez marchas no va a cambiar una cultura que desde siglos esta arraigada en nuestra sociedad. Pero de a poco se puede empezar a cambiar. Proyectando en las nuevas generaciones. Los derechos de uno terminan cuando empiezan los del otro. Nadie es mas que nadie. Eso podría enseñarse en las escuelas, medios de comunicación, redes sociales. Repetirlo las veces que sea necesario.

Por su parte el Estado podría darles albergue y oportunidades de trabajo a las mujeres víctimas de maltrato. Así tienen un sitio donde ir y no terminan siendo rehenes de su agresor. También las comisarías de todo el país deberían estar capacitadas para recibir denuncias por violencia de genero. Y los agresores, luego de cumplir sus condenas, ser controlados para que no vuelvan a acercarse a las víctimas o repetir los hechos. 

sábado, 15 de octubre de 2016

La rebelión

La rebelión

Aquel teléfono de linea no se dejó guardar en un placard. Con el tubo golpeó en la cara a la mujer que lo llevaba hasta soltarse. Luego con el cable ató el celular que ella usaba. Salió volando por el balcón del octavo piso donde se ubicaba. No sin antes haber arrojado al vacío el celular.


Una cassetera. Cansada de habitar ese altillo junto a herramientas y demás materiales sin usar bajó por las escaleras. Con el enchufe le pegó a los habitantes de la casa para después desaparecer por el patio trasero.


Algo similar ocurrió con un rayador a mano. Apenas el hombre abrió el cajón de la mesada salío volando provocándole heridas en la cara. Aparte de golpear a la picadora eléctrica para fugarse por la ventana de la cocina. 


Estos hechos eran insólitos. Nadie jamas había presenciado algo así. 


Tambien se repetían en los comercios. En un locutorio un fax que hace mucho estaba en desuso rompió todas las computadoras y escapó.


O el televisor viejo que apareció volando frente al asombro de mozos y comensales de un restaurante. El cual tras abalanzarse contra las dos pantallas lcd que había en una columna se dió a la fuga. 


Las noticias se multiplicaban tanto por la tele como por las redes sociales.


Estéreos viejos que dañaban parabrisas de los autos con sus conductores, discos de pasta  que salían girando a toda velocidad de cajas donde se hallaban guardados para irse encima de los ocupantes de una habitación, cafeteras que hacían lo mismo tras estar largo tiempo sin ser utilizadas .


En la calle todo era misterio. Esa era la noticia del día. Las vecinas en la vereda, los empleados de las oficinas, pasajeros en los subtes, colectivos. A la mayoría le había ocurrido algo así. 


Al atardecer una multitud de coches, tranvías y colectivos de principios del siglo veinte se dirigió hacia el obelisco. Iban solos. Nadie los conducía. Hasta tapar todos los accesos tanto por Corrientes, Diagonal Norte y 9 de Julio. 

En la plaza de la República se hallaba montado un enorme escenario con objetos antiguos como disquetes, máquinas de escribir, relojes a cuerda. Sumados a telégrafos, fonolas, videojuegos, wolkman.

Y mas arriba en el obelisco se hallaba colgado una enorme pancarta que decía: " Queremos estar presentes en la actualidad. Ser visibles. Nos negamos a ser olvidados" 

domingo, 2 de octubre de 2016